EL SEÑOR RATZINGER Y LA DEFENSA DE LA LIBERTAD
Antonio García Ninet
Doctor en Filososfía
El señor Ratzinger, jefe principal de la jerarquía católica, y se ha reunido con algunos representantes de la religión musulmana para defender la libertad de los católicos para practicar su religiójn tanto en privado como en público.
Resulta curioso que en estos momentos la jerarquía católica busque un entendimiento especial con los musulmanes cuando hace apenas unos siglos aquí en España se invocaba a “Santiago Matamoros” en las batallas de los cristianos contra los musulmanes. Pero, al parecer, los tiempos cambian, y las perspectivas, valores y verdades también.
Ahora y en contra de su constante actitud, contraria a otra libertad que no fuera la suya propia para predicar “su verdad” y para atacar y condenar a todo el que pensase de modo distinto, ha solicitado a los musulmanes el derecho a la libertad para la práctica de la religión católica, tanto en el ámbito privado como en el público.
Sin embargo y pese a que la libertad es uno de los valores importantes para el ser humano, conviene reflexionar sobre las implicaciones de una libertad como la que pretenden el señor Ratzinger o los jefes de estas otras organizaciones musulmanas, pues, aunque a primera vista, parezca que la defensa de la libertad debe estar por encima de todo, hay casos en que tal defensa resulta inaceptable.
Por ejemplo, creo que todo el mundo –o casi todo- estará de acuerdo en que no puede defenderse la libertad para atentar contra la misma libertad, ni la libertad para asesinar cuando a uno le venga en gana, ni la libertad para cometer actos terroristas, ni la libertad para defender el racismo y el exterminio del pueblo judío o de cualquier otro, y otros casos similares.
¿Tienen algo que ver estos ejemplos extremos con lo que pudiera ser la libertad para la práctica de las distintas confesiones religiosas? En principio podría parecer que no, al menos de este modo tan evidentemente inaceptable.
Sin embargo y por lo que se refiere a la religión musulmana, quienes estamos educados en la cultura occidental consideramos inadmisibles las arengas en favor de cualquier supuesta “guerra santa” en cuanto implican, entre otras cosas, el desprecio y la lucha en contra de la libertad de quienes no comparten las creencias de quienes predican esas guerras; consideramos igualmente inaceptable la libertad para arengar en favor de la práctica de costumbres inhumanas, como la de la ablación del clítoris, en cuanto representa una intolerable agresión sexual contra la mujer y, en cualquier caso, contra su derecho a disponer de su propio cuerpo sin que nadie se arrogue el derecho a mutilarlo en nombre de ningún principio religioso, y, así, en contra de las demás formas de atentar contra la libertad… en nombre de la libertad.
Y, por lo que se refiere a las consignas de la jerarquía católica, consideramos inaceptable que utilicen su “defensa de la libertad” para llegar a la más absoluta negación de la libertad de aquellos niños a quienes adoctrinan para que asuman la idea de que la razón debe someterse a lo que ellos les presenten como contendidos doctrinales en los que deben creer y a los que deben someterse por encima de su carácter absurdo e irracional; consideramos inadmisible su particular práctica de esa libertad utilizada para negar la libertad de los demás cuando se oponen a las leyes en favor del divorcio, del aborto, de la eutanasia, del matrimonio de los homosexuales, etc, a pesar de tratarse de leyes que a nadie obligan sino que sólo reconocen el derecho para divorciarse o no, para abortar o no, para morir cuando uno lo decida o no, para casarse con una pareja del mismo o de diferente sexo, etc.
El señor Ratzinger, antiguo miembro de las juventudes hitlerianas, pretende tener libertad para aterrorizar a los niños con sus doctrinas sobre el infierno, para defender el carácter obsceno de la sexualidad en general, y para defender y apoyar toda clase de dictaduras, negadoras de la libertad. Y encima goza de hecho de “libertad para robar”, en cuanto, mediante su chantaje a los sucesivos gobiernos del estado español, nos roba, año tras años, una barbaridad de millones de euros a cada uno de los ciudadanos españoles.
¡Es realmente una desvergüenza insólita que este señor hable de libertad cuando para él la única libertad es la consistente, no en obedecer a Dios, sino en obedecer las consignas del Vaticano!
sábado, 8 de noviembre de 2008
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