sábado, 15 de noviembre de 2008

CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
(XV)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía
15. La contradicción según la cuál Jesús ordena no juzgar, a la vez que advierte que él sí juzgará a quienes juzgan, lo cual no es precisamente predicar con el ejemplo.
CRÍTICA: Es evidente que si Jesús no quería que juzgásemos a los demás –lo cual parece muy razonable teniendo en cuenta que, según la “teología” (?) católica, todo lo que el hombre hace es Dios quien lo hace- debería haberse abstenido de añadir a su frase “no juzguéis” la continuación “y no seréis juzgados”, ya que, al hacerlo, está incurriendo en la misma falta que critica, y, por ello, hubiera sido más lógico que dijera: “yo no juzgo, aunque vosotros lo hagáis, pero quisiera que tampoco vosotros cometierais ese error, pues nadie es culpable de nada, ya que todos hacéis necesariamente aquello para lo que fuisteis programados por el poder absoluto de mi Padre. Los obispos podrán deciros lo que les dé la gana para la prosperidad de su negocio, pero, si con lo que os he dicho no tuvierais bastante, pensad que mi amor y mi misericordia infinitas son incompatibles con ningún tipo de castigo y mucho menos con esa estupidez del Infierno del que yo mismo hablé en alguna ocasión porque quise gastaros una broma, aunque parece que algunos se lo tomaron en serio”.
Sin embargo, de acuerdo con los evangelios; Jesús habría caído en el absurdo error de amenazar con el juicio de Dios a quienes juzgasen a los demás, lo cual no era precisamente una forma de predicar con el ejemplo. En este sentido en el evangelio atribuido a Mateo aparece la frase: “No juzguéis, para que Dios no os juzgue” ( ). Por otra parte y en relación con el tema del perdón, en este mismo evangelio aparece la frase: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial si no os perdonáis de corazón unos a otros” ( ). Y en ambos casos resulta curioso que, a pesar de las ocasiones en que Jesús parece oponerse a la “Ley del Talión”, estas advertencias sean una modalidad más de dicha ley en cuanto subordina el juicio y el perdón de Dios a cuál sea la actitud de los hombres por lo que se refiere al juicio y al perdón.

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