miércoles, 12 de noviembre de 2008

CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
(XII)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía

12. La contradicción según la cual, ¡oh, misterio sagrado!, Jesús fue y no fue hijo de José.
CRÍTICA: He aquí otro ejemplo de contradicción, de ésas a las que la jerarquía católica llama “misterio”.
Dice el evangelio de Mateo que Jesús era hijo de Dios porque, tras analizar su ascendencia de manera exhaustiva, pudo concluir en que ésta, comenzando por José, el esposo de María, se remontaba hasta Abraham. Aunque el argumento no es concluyente por cerrar las bases argumentativas en Abraham, parece fácil suponer que quien escribió tal argumento utilizaba como premisa implícita la de que Abraham era hijo de Dios y que, en consecuencia, ¡Jesús era hijo de Dios!, de manera que Jesús era hijo de Dios porque era hijo de José. Así lo dice efectivamente este evangelio, que tras enumerar a toda una serie de descendientes de Abraham, finalmente dice: “Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Mesías” ( ). Lo curioso del caso es que, después de haberse servido de José para demostrar que Jesús era hijo de Dios, casi a continuación este mismo evangelio diga que María “había concebido por la acción del Espíritu Santo” ( ). Así que, si lo que quería el apóstol –o, mejor, quien escribió este relato- era demostrar que Jesús era hijo de Dios, podía haberse ahorrado esta contradicción de afirmar primero y de negar después que Jesús fuera hijo de José, quedándose o bien con el argumento de que Jesús era hijo de Dios porque su ascendencia, pasando por José, se remontaba hasta Abraham y éste descendía de Dios, o bien con el de que era hijo de María, que le había concebido “por la acción del Espíritu Santo”. Así que lo más grave de este planteamiento es precisamente que la acumulación de esos dos argumentos determina la aparición de una nueva contradicción ya que cada uno de ellos es incompatible con el otro. Es decir, si Jesús era hijo de Dios por ser hijo de José, que era hijo de Abraham, que era hijo de Dios, entonces no tenía sentido considerar que fuera hijo de Dios porque María concibiera por obra del Espíritu Santo, mientras que si era hijo de Dios por este último motivo, entonces no tenía sentido devaluar la labor del Espíritu Santo añadiendo a ella la que se relacionaba con su ascendencia hasta Abraham. Además, mediante esta última demostración tan infantil y ridícula, todos seríamos tan hijos de Dios o más que el propio Jesús, a no ser que los judíos considerasen que, además de Adán, había otra línea genealógica que no procedería de Dios y de la que habrían nacido otros seres humanos, lo cual estaría en contradicción con la doctrina de que Adán y Eva fueron nuestros primeros padres.
El evangelio de Lucas incurre en la misma contradicción que hay en el de Mateo en cuanto, por una parte, afirma que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y, por otra, lo considera igualmente como si fuera hijo de José y, remontándose desde José, como hijo de Dios.
En efecto, por lo que se refiere a la primera tesis y según dice este evangelio, el ángel Gabriel le dice a María que concebirá a un hijo y ella le responde: "¿Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?" ( ). Y entonces Gabriel le responde: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios" ( ).
Pero, por otra parte, el escritor de ese relato dice que Jesús “en opinión de la gente era hijo de José” y a continuación enumera su ascendencia para remontarse en esta ocasión hasta el mismo Adán, que era hijo de Dios, por lo que Jesús también lo era. En efecto, escribe en este sentido:
“en opinión de la gente, [Jesús] era hijo de José. Estos eran sus ascendientes: Helí, Matat, Leví […] Set, Adán, y Dios” ( ).
Pero, ¡oh, curioso y anecdótico misterio!, a pesar de que según la jerarquía católica los evangelios están inspirados por el mismo Dios, ninguno de los diez ascendientes más próximos a José coincide con los de la lista que aparece en el evangelio de Mateo.
Por su parte, el evangelio atribuido a Marcos no dice nada relacionado con el nacimiento ni con la ascendencia de Jesús; simplemente afirma que era “Hijo de Dios” ( ) y el evangelio de Juan tampoco dice nada acerca de los orígenes de Jesús.
Parece que Mateo y Lucas –o, mejor, quienes escribieron estos evangelios- estaban tan interesados en demostrar que Jesús era el Hijo de Dios que, con tal de acumular pruebas, no les importó contradecirse afirmando la paternidad de José respecto a Jesús cuando quisieron utilizar el argumento basado en la ascendencia de Jesús hasta llegar al propio Dios, y negando tal paternidad cuando quisieron utilizar el argumento de que Jesús fue engendrado directamente por el Espíritu Santo.
Por otra parte, la prueba basada en la ascendencia de Jesús resulta extremadamente machista en cuanto ni a Mateo ni a Lucas se les ocurrió buscar los ascendientes de Jesús por línea materna sino sólo por la paterna. Pero, ¿qué importancia podía tener esa línea paterna si José no hubiera sido realmente el padre de Jesús? Además, si lo hubiera sido y si para considerar a Jesús hijo de Dios tenían que remontarse hasta Adán, como hace Lucas, en tal caso nos encontraríamos ante una estúpida redundancia, en cuanto si la Biblia considera que todos descendemos de Adán,
1) sería innecesario buscar ninguna línea de ascendientes para llegar hasta Adán;
2) todos seríamos Hijos de Dios en el mismo sentido que el propio Jesús, en cuanto todos fuéramos descendientes de Adán, aunque desconociéramos la línea ascendente que nos llevase hasta él; y
3) los judíos y los testigos de Jehová podrían tener razón en calcular que el mundo fue creado hace cerca de 5.800 años –o tal vez este número sería ya demasiado alto- y, por ello, sería lógico y coherente con sus planteamientos que negasen el largo proceso temporal que implica la teoría evolucionista. Así que una de dos: O bien la teoría del evolucionismo es falsa o bien son falsos los evangelios de Mateo y de Lucas cuando consideran que el mundo sólo tendría un pasado de no llega a 5.800 años. Por ello, quienes consideremos que la teoría evolucionista es verdadera, tendremos que negar el valor de estos evangelios y quienes consideren que estos evangelios son verdaderos tendrán que negar el valor de la teoría evolucionista. Pero que nadie se preocupe: todo esto será así solamente en cuanto se acepte el valor del principio de contradicción en lugar de aceptar los misterios que la jerarquía católica expone para ser creídos y no razonados, pues tales misterios están por encima del principio de contradicción.
Por desgracia, lo más asombroso del caso no son las contradicciones tan patentes aquí mostradas, que todo el mundo podría comprobar con su propia capacidad de razonar, por poca que sea. Lo más asombroso y lo más triste es esa actitud de los ciegos que lo son no por otra causa sino por la de que no quieren ver o porque no les importan las mentiras que les cuenten, con tal de que les resulten confortadoras.

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