CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
(XXI)
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía
21. La contradicción según la cual, a pesar de que en teoría la jerarquía católica debería estar al servicio de los pobres, en la práctica es una organización mafiosa sin escrúpulos, autora y cómplice de innumerables crímenes y dedicada a la codiciosa y patológica acumulación de riquezas.
En efecto, la jerarquía católica, que a efectos económicos se identifica casi por completo con la llamada “Iglesia Católica”, tiene una organización interna de carácter feudal o piramidal –además de capitalista-, anterior en el tiempo a las organizaciones de las posteriores empresas multinacionales como MacDonalds, Coca-Cola, Ford, General Motors y muchas otras, que, al igual que la organización de la iglesia Católica tienen su presidente, equivalente al cargo de “Papa”; su Consejo de administración, equivalente al conjunto de cardenales colaboradores y asesores del Papa; sus directores regionales, equivalentes a los presidentes de las “Conferencias episcopales” de cada país; sus sucursales, equivalentes a la confederación de diversas “diócesis”; sus directores de sucursales, equivalentes a los obispos de las respectivas circunscripciones o “diócesis” episcopales; y sus franquicias, equivalentes a las diversas parroquias regidas por los diversos curas párrocos, así como a las diversas empresas colaboradoras, equivalentes a las instituciones dependientes de la iglesia Católica, como colegios, hospitales, ONGs dependientes de la iglesia Católica, y toda la diversidad de empresas auxiliares, que tienen su equivalencia en las diversas órdenes religiosas que completan el organigrama de esta organización económica, que casi con absoluta seguridad hay que considerar como la primera multinacional del mundo.
Ninguna de las empresas del capitalismo moderno ha inventado nada por lo que se refiere a su sistema organizativo, ya que la propia jerarquía católica es un ejemplo con una experiencia de dos milenios, que ha demostrado la solidez del funcionamiento de tal sistema con sus beneficios suculentos, ha servido de modelo para el resto de multinacionales y de organizaciones mafiosas. De manera consciente o en ocasiones inconsciente, la jerarquía católica ha utilizado sus incoherentes doctrinas acerca de lo divino y de lo humano como simple coartada para aumentar su enorme poder y sus inimaginables riquezas sirviéndose de la ingenuidad de sus fieles para sus fines terrenales y ofreciendo a cambio el opio de sus mentiras celestiales para satisfacer las ilusiones de sus ingenuos seguidores.
Para ser exactos no hay que hablar de la “Iglesia Católica” como una agrupación en la que haya que incluir a su jerarquía y a sus fieles, sino exclusivamente de “la jerarquía católica”, pues es ella la única que maneja los hilos de su poderosa economía y la única que disfruta de sus cuantiosísimos beneficios, por lo que es la auténtica dueña absoluta de la “Iglesia Católica”, en la que los creyentes no pintan absolutamente nada como no sea para entregar sus limosnas y sus herencias a su “santa madre Iglesia”.
El carácter feudal de esta organización es evidente en cuanto no existe en ella nada que pueda parecerse a un sistema democrático mediante el cual se elijan sus diversos cargos, pues el “Papa” elige a los cardenales y a los obispos, y éstos eligen al “Papa”, mientras que el resto de súbditos creyentes no cuenta para nada en tales nombramientos ni en el funcionamiento y en los beneficios económicos de esta organización. El resto de los cargos clericales es elegido a su vez por los obispos y eso determina que los simples curas jueguen un papel de sumisa obediencia en espera de un futuro y remoto ascenso o ejerciendo como simples “párrocos” de determinada circunscripción en la que viven de las limosnas de sus “feligreses” –más el sueldo del estado en lugares como España, en los que la jerarquía católica ha logrado mantener su privilegio de seguir obteniendo del pueblo español, mediante su chantaje a los gobiernos de turno, el “impuesto revolucionario” de cuantiosos millones de euros anuales, como si el “sostenimiento” de esta organización mafiosa fuera una obligación de todos los españoles--. Los simples curas párrocos, que apenas obtienen nada de la gran tajada que se lleva su jerarquía superior, se encargan de adoctrinar a “los fieles”, sin que ellos ni el resto de los feligreses cuente para nada por lo que se refiere a la elección de ninguno de sus superiores, a pesar de ser la fuerza de presión política y social de mayor importancia con que cuenta la propia jerarquía católica.
El carácter embaucador de esta organización puede comprenderse fácilmente en cuanto se analizan las contradictorias doctrinas religiosas emanadas de esa jerarquía feudal, que se encarga de elaborar a su antojo sus mentiras doctrinales de manera que puedan provocar las ilusiones o los temores de los creyentes, según lo crean más oportuno, mientras que esta masa de creyentes tiene una misión de pasiva sumisión y obediencia a esos personajes que, a fin de lograr una mayor teatralidad a su supuesta misión “divina” -pero tan exclusivamente terrenal como la de todo el mundo-, se visten con atuendos chillonamente estrafalarios y se hacen llamar “enviados de Dios”, “eminencia” o “Su Santidad”, mostrándose en público con semblante bondadoso, resignado y doloroso, aunque por dentro estén pensando “¡vaya atajo de borregos!”.
Y, sin embargo, la actividad de la jerarquía católica es lo más contrario que pueda pensarse respecto a lo que fue la predicación constante de Jesús, un personaje bíblico que criticó con extrema dureza a los ricos, que defendió a los pobres, y cuyos primeros seguidores vivieron en un régimen de absoluto comunismo en el que todo se compartía, según se narra en los “Hechos de los apóstoles”.
Así, por lo que se refiere a la inequívoca actitud crítica de Jesús contra los ricos conviene recordar algunas de sus palabras:
- “Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios” ( );
- “¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!” ( );
- “qué difícilmente entrarán en el reino de los cielos los que tienen riquezas. Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios” ( ).
Una consecuencia de esta actitud de Jesús así como de su defensa de los pobres y de la idea de la fraternidad universal se produjo cuando en los primeros años después de su muerte sus primeros discípulos vivieron en un régimen de auténtica fraternidad comunista en la que todo se compartía, tal como se cuenta en el escrito, atribuido a Lucas, Hechos de los apóstoles, en el que se dice con absoluta claridad que
-“Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno” ( );
-El grupo de creyentes […] tenían en común todas las cosas” ( );
-“No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad” ( ).
A pesar de la claridad de estas doctrinas evangélicas, el mensaje de Jesús se olvidó muy pronto y ya el propio Pablo de Tarso, auténtico fundador del Cristianismo, se puso del lado de los ricos, de manera que en lugar de enfrentarse a ellos como había hecho Jesús, se convirtió en su cómplice, no pidiéndoles que repartieran sus riquezas entre los pobres sino sólo que las disfrutasen confiando en Dios, ya que él se les había dado, y que no fueran orgullosos:
“A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean orgullosos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que nos provee de todos los bienes en abundancia para que disfrutemos de ellos” ( ).
Este cambio de planteamiento le resultó especialmente útil para la transformación de la organización cristiana en un inmenso negocio material que, adaptándose a todo tipo de circunstancias políticas y sociales, se ha ido enriqueciendo y ampliando de manera progresiva hasta convertirse en la actualidad en la mayor “multinacional del espíritu”, incomparablemente más rica que cualquier otra de cualquier tipo, dedicada a la venta fantasma de “parcelas de Cielo” a cambio de incalculables e inmensos tesoros, montada con sucursales y concesionarios distribuidos por una gran parte del mundo, y despreciando y pisoteando la doctrina de aquél en cuyo nombre predican, doctrina según la cual:
“No podéis servir a Dios y al dinero” ( ).
lunes, 24 de noviembre de 2008
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