miércoles, 19 de noviembre de 2008

CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
(XIX)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía
19. La contradicción por la cual la “buena nueva” de la doctrina católica no apareció de manera completa al comienzo del Cristianismo, de manera que la jerarquía católica ha ido y sigue fabricando su propia “buena nueva” a lo largo de los siglos.
CRÍTICA: Si la “buena nueva”, que debía haber supuesto la encarnación, vida, pasión y muerte de Jesús, tenía una importancia tan definitiva para la humanidad, es absurdo que la jerarquía católica haya seguido presentando nuevas doctrinas, usurpando el papel del supuesto Espíritu Santo, inspirador de quienes narraron tal “buena nueva”. Esa forma de actuar se pone de manifiesto cuando la jerarquía católica en lugar de limitarse a propagar la supuesta “buena nueva” de Jesús, va añadiendo nuevos dogmas y contenidos doctrinales a las antiguas doctrinas, cuya única importancia es la de servirle para amoldar sus nuevos puntos de vista a la mentalidad de cada época a fin de no quedar en evidencia y rotundamente desfasada y, como consecuencia, perdiendo poder e influencia política y social.
Como ejemplos evidentes de estos cambios doctrinales estratégicos, puede hacerse referencia a la contradicción entre
a) las palabras de Jesús en contra de los ricos y en favor del amor a los enemigos,
b) su trato respetuoso e igualitario respecto a la mujer, y
c) el carácter particular de su labor evangélica, referida al pueblo de Israel,
y la doctrina constantemente defendida por Pablo de Tarso
a) en favor de los ricos y de la esclavitud,
b) en favor del sometimiento servil de la mujer respecto al varón,
c) en favor del carácter universal del mensaje evangélico.
En efecto, por lo que se refiere al punto de vista de Jesús y de los primeros cristianos, son diversos y claros los textos evangélicos en los que defendió la doctrina del amor al prójimo, que incluía el amor a los enemigos, y la crítica a los ricos cuando pronunciando frases de condena del estilo “es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios” ( ); es también evidente el comunismo de los cristianos de los primeros tiempos después de la muerte de Jesús, tal como se narra en diversos pasajes de los Hechos de los apóstoles, donde se dice:
- “Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno” ( ).
- “No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad” ( ).
Igualmente y en relación con el tema de la mujer pueden verse pasajes de los evangelios en los que Jesús aparece conversando con una samaritana manteniendo un trato de igualdad y de respeto ( ) o refiriéndose a María Magdalena con un trato absolutamente respetuoso y amable, a pesar de tratarse de una mujer “pecadora”.
Y por lo que se refiere al carácter particular del mensaje de Jesús, ligado a la práctica adecuada de su religión por parte del pueblo judío, pero no extendido a la humanidad en general –como luego hicieron Pedro y especialmente Pablo de Tarso-, es bastante significativo el pasaje en el que Jesús atiende a una mujer cananea que le pide ayuda, pasaje en el que, aunque finalmente Jesús le atiende, las primera palabras que le dirige son las siguientes: “-No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los cachorrillos” ( ), frase en la que los hijos simbolizan al pueblo de Israel, mientras que los cachorrillos simbolizan a los demás pueblos.
Respecto al radical cambio de actitud representado por Pablo de Tarso en relación con los ricos puede comprobarse fácilmente acudiendo a su primera epístola a Timoteo en la que le dice:
“a los ricos de este mundo recomiéndales que no sean orgullosos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que nos provee de todos los bienes en abundancia para que disfrutemos de ellos” ( ).
En esta carta, traicionando la postura de condena de Jesús contra los ricos, Pablo de Tarso defiende a los ricos diciendo que ricos no van a tener problemas para entrar en el reino de los cielos, y que ya ni siquiera hace falta que repartan sus riquezas sino sólo que las disfruten, pero “que no sean orgullosos”.
En este mismo sentido y por lo que se refiere a la esclavitud, mientras Jesús defiende incluso el amor a los enemigos, Pablo de Tarso adopta una escandalosa actitud en defensa de esa repugnante institución, que la jerarquía católica procura silenciar ahora, pero que aparece de modo inequívoco en textos supuestamente sagrados en cuanto “palabra de Dios” como los siguientes:
“Esclavos, obedeced a vuestros amos terrenos con profundo respeto y con sencillez de corazón, como si de Cristo se tratara. No con una sencillez aparente que busca sólo el agrado a los hombres, sino como siervos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios” ( ).
Por lo que se refiere a la actitud de Pablo de Tarso respecto al tema de la mujer puede comprobarse que fue realmente vergonzosa considerándola como una esclava que debía mantenerse sumisa al servicio del varón. Este punto de vista fue simplemente una incorporación a la doctrina cristiana del machismo social imperante en aquella cultura, pero representó un vergonzoso retroceso respecto a la doctrina y a la práctica de Jesús. Escribe Pablo de Tarso en este sentido:
- “el varón no debe cubrirse la cabeza, porque es imagen y reflejo de la gloria de Dios. Pero la mujer es gloria del varón, pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón, ni fue creado el varón por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por eso […] debe llevar la mujer sobre su cabeza una señal de sujeción” ( ).
-“toda mujer que ora o habla en nombre de Dios con la cabeza descubierta, deshonra al marido, que es su cabeza” ( ).
Abundando en esta misma perspectiva, no simplemente machista sino incluso de desprecio a la mujer, Pablo de Tarso llega a defender igualmente la sumisión de la mujer al marido, prohibiéndole incluso su intervención en las asambleas:
“La mujer aprenda en silencio con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que ha de estar en silencio. Pues primero fue formado Adán, y después Eva. Y no fue Adán el que se dejó engañar, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión” ( ).
-“…que las mujeres guarden silencio en las reuniones; no les está, pues, permitido hablar, sino que deben mostrarse recatadas, como manda la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues no es decoroso que la mujer hable en la asamblea” ( ).
Por cierto, la actitud de la jerarquía católica respecto a la mujer, aunque ha ido evolucionando lentamente a lo largo de los siglos, no ha ido a la vanguardia de estos cambios hacia la igualdad de derechos sino que simplemente los ha ido aceptando, aunque sólo parcialmente y a regañadientes, hasta el punto de que en la actualidad sigue manteniendo planteamientos retrógrados como los que hacen referencia a la prohibición de que la mujer pueda ser ordenada como sacerdotisa u otros cargos clericales de cierta importancia, y manteniendo en general puntos de vista machistas, aunque actuando astutamente a fin de poder presentar su punto de vista desde una perspectiva contraria, recurriendo para ello a la exaltación de la figura de María, “la madre de Dios”, de la que curiosa y sospechosamente se habla muy poco en los evangelios, y nada en absoluto en el resto de escritos del Nuevo Testamento, ni el los Hechos de los apóstoles, ni en las cartas de Pablo de Tarso, ni en el Apocalipsis.
Finalmente frente al particularismo de las enseñanzas de Jesús, referidas en general al pueblo de Israel, Pablo de Tarso defiende con gran visión de futuro su carácter universal –“católico”-, lo cual evidentemente ha sido mucho más eficaz para la expansión del inmenso negocio que significó y significa en estos momentos la “Multinacional Católica”.
Así que, si alguien se pregunta por qué se produjo esta asombrosa contradicción entre la actitud de Jesús y la de Pablo de Tarso, la respuesta es evidente: Si el Cristianismo debía construirse como una organización económicamente rentable, como lo ha sido y lo sigue siendo, eso no podía lograrse mediante la condena de los ricos, tal como la había realizado Jesús, sino mediante la alianza con ellos, de forma que mientras Jesús había condenado la codicia y la obsesión de los ricos por el dinero, Pablo de Tarso comprende que le interesa contar con su apoyo y, en consecuencia, defiende sin escrúpulos que los ricos disfruten de sus riquezas y que los esclavos sigan siendo esclavos, de forma que no se les ocurra rebelarse contra “sus amos”. De ese modo conseguía que los ricos y poderosos aceptasen la nueva religión y le diesen su progresivo apoyo hasta convertirse en la religión oficial del imperio. Igualmente resulta evidente que los planteamientos de Pablo respecto a la mujer y respecto al carácter universal de las enseñanzas y del mensaje de salvación de Jesús iban a ser mucho más rentables si, en lugar de mantenerlos en el ámbito del pueblo de Israel, se los consideraba extensibles al ámbito de la humanidad en general.
Con este punto de vista, Pablo de Tarso presentaba el Cristianismo ante los poderes políticos y sociales de su época como una religión perfectamente compatible con las costumbres y tradiciones reinantes y, por ello, nada revolucionaria en comparación con las duras palabras de Jesús. Y ciertamente ésa ha sido la actitud que la jerarquía cristiana en general y la católica en particular han tenido a lo largo de los siglos, ganándose de ese modo la alianza y el favor de las clases poderosas, tanto del imperio romano como del feudalismo medieval y como del capitalismo moderno, con quienes tanto poder político, riquezas e influencia social han logrado.

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