jueves, 13 de noviembre de 2008

CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
(XIII)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía
13. La contradicción entre los pasajes evangélicos que afirman que Jesús es Dios y los que niegan que lo sea.
Aunque en líneas generales en los evangelios aparece la afirmación según la cual Jesús es el Hijo de Dios, en bastantes ocasiones aparecen también afirmaciones que de manera explícita o implícita consideran que Jesús, aunque haya sido un profeta o un enviado de Dios, no se identifica con él y ni siquiera como su hijo.
CRÍTICA: En cuanto estas doctrinas son contradictorias entre sí, se demuestra una vez más que tanto los evangelios como la doctrina católica en general está llena de falsedades que conviene desenmascarar, en cuanto son el soporte ideológico de esta organización cuyos fines reales nada tienen que ver con los que dicen defender.
A continuación se presenta una serie de pasajes de estos evangelios en los que se defiende de modo implícito, pero muy claro en casi todas las ocasiones, la idea de que Jesús no se identifica con Dios y la de que ni siquiera se considera que sea “su hijo”. Así sucede, por ejemplo, cuando, estando ya crucificado, exclama:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” ( ),
frase que evidentemente no tendría sentido si Jesús se identificase con el propio Dios y que además implica una desconfianza y un reproche a ese Dios por parte de Jesús por haberle abandonado.
Igualmente, en el evangelio de Mateo se dice:
“Jesús se acercó y se dirigió a ellos con estas palabras:
-Dios me ha dado autoridad plena sobre el cielo y la tierra” ( ),
y es evidente que si Dios le ha dado autoridad eso sólo tiene sentido en cuanto el propio Jesús no se identifique con Dios, pues no tendría sentido afirmar que Dios ha dado autoridad a Dios, mientras que sí lo tiene afirmar que Dios ha dado autoridad a Jesús en cuanto el propio Jesús no se identifique con Dios.
Del mismo modo en el evangelio de Marcos se dice que:
“…el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios” ( ),
frase en la que, por una parte, se niega el dogma de la ascensión, ya que en ella no se afirma que el propio Jesús ascendiera al cielo por su propio poder sino que “fue elevado”, y, por otra, se dice que se sentó a la diestra de Dios, lo cual no podría suceder si Jesús fuera Dios, pues afirmar que alguien se siente a su propia diestra no tiene sentido.
En el evangelio de Juan se afirma igualmente:
“Porque yo no hablo en virtud de mi propia autoridad; es el Padre, que me ha enviado, quien me ordenó lo que debo decir y enseñar. Y sé que sus mandamientos llevan a la vida eterna. Por eso, yo enseño lo que he oído al Padre” ( ).
Es decir, Jesús dice que él no tiene autoridad por sí mismo sino por el Padre, que le habría enviado, pero si Jesús se hubiera identificado con Dios la afirmación según la cual él no hablaba en virtud de su propia autoridad habría sido sencillamente absurda.
En los Hechos de los apóstoles se señala también la diferencia entre Jesús y Dios, cuando se dice:
“A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros” ( ),
pues la frase Dios ha resucitado a Jesús sólo parece tener sentido desde el momento en que Dios y Jesús sean seres distintos.
Más adelante se insiste en esta misma diferencia Jesús y Dios, y en la consideración de que Dios resucitó a Jesús:
“Pedro y los apóstoles respondieron:
-Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús […] Dios lo ha exaltado a su derecha como Príncipe y Salvador […] Nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen somos testigos de todo esto” ( ).
De modo similar, momentos antes de morir Esteban dice:
“–Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios” ( ),
frase en la que se diferencian claramente ambas figuras de un modo jerárquico: Dios como figura principal y Jesús como figura secundaria, aunque importante. Tiene interés insistir en este detalle porque, si no se hubiera querido reflejar esta diferencia entre Dios y Jesús, el autor de ese escrito habría podido escribir que Esteban veía a Jesús sentado a la diestra del Padre, lo cual hubiera podido ser compatible con el reconocimiento implícito de que Tanto el padre como Jesús eran Dios, pero no “a la diestra de Dios”, pues en ese caso se está diferenciando inevitablemente entre Jesús, por un parte, y Dios, por otra.
En esta misma obra se llega incluso a considerar que Jesús sólo es un siervo de Dios, que, por lo tanto, no se identificaría con el propio Dios ni sería siquiera su hijo, como se dice en otras ocasiones. En efecto, se dice en el correspondiente pasaje:
“El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha manifestado la gloria de su siervo Jesús…” ( ).
Más adelante se insiste en esta misma consideración de Jesús como “siervo de Dios”, obediente a sus decisiones:
“En esta ciudad, en efecto, se han aliado Herodes y Poncio Pilato, junto con extranjeros y gentes de Israel, contra tu siervo Jesús, al que ungiste, para hacer lo que tu poder y tu voluntad habían decidido de antemano que sucediera […] Manifiesta tu poder para que se realicen curaciones, señales y prodigios en el nombre de tu santo siervo Jesús” ( ).
Y, si Jesús era “siervo de Dios”, difícilmente podía ser “Dios”.
A continuación se llega incluso a distinguir entre Jesús y el Señor, considerando que ese “Señor”, identificado con Dios, es quien habría enviado al Mesías como un profeta semejante en el mejor de los casos al propio Moisés, pero no superior a él, un profeta “suscitado entre vuestros hermanos”, es decir, procedente del propio pueblo judío:
“Llegarán así tiempos de consuelo de parte del Señor, que os enviará de nuevo a Jesús, el Mesías que os estaba destinado […] Moisés, en efecto, dijo: el Señor Dios vuestro suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo; escuchad todo lo que os diga; y el que no escuche a este profeta será excluido del pueblo” ( ).
En el evangelio atribuido a Mateo se insiste en esta diferencia entre Jesús y Dios cuando se pone en boca del propio Jesús la frase:
“No juzguéis, para que Dios no os juzgue” ( ),
frase en la que Jesús declara nuevamente, de modo implícito pero incuestionable, que él no es Dios. y además.
Igualmente, en Hechos de los apóstoles se afirma con absoluta claridad la diferencia entre Dios, por una parte, y Jesús, por otra, considerando a Jesús el “ungido” y “resucitado por Dios y “juez” designado por el propio Dios:
[Pedro tomó la palabra y dijo:] “me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu santo y poder […] Dios lo resucitó el tercer día […] Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos” ( ),
considerando a Jesús como “hombre” elegido por Dios, lo cual no tendría ningún sentido si el propio Jesús fuera Dios.
“[Dios] ha establecido un día, en el que va a juzgar al universo con justicia por medio de un hombre designado por él, a quien ha acreditado ante todos resucitándolo de entre los muertos” ( );
y considerando a Jesús como un siervo “sometido” al poder de Dios, lo cual no tendría sentido si el propio Jesús se identificase con Dios:
“Y cuando le estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo hijo se someterá también al que le sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas” ( ).
Tiene cierto interés, en relación con estas misma cuestión y con el dogma de la ascensión de Jesús, comprobar la existencia de textos “sagrados” en los que en lugar de defenderse la idea de que Jesús ascendió al cielo por su propio poder se afirma que fue elevado, es decir, no que ascendiera por su propio poder sino por un poder que, aunque no se menciona de modo explícito, parece evidente que se trata del poder de alguien que no era él mismo, sino Dios. Así queda expresado en el evangelio de Marcos, en el de Lucas y en los Hechos de los apóstoles en pasajes como los siguientes: “el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios” ( ),“hasta el día en que fue elevado a los cielos” ( ) “y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén rebosantes de alegría” ( ).
En relación con esta última cita, tiene interés llamar la atención acerca del hecho de que en ella se dice que los discípulos de Jesús “estaban continuamente en el templo”, pues se trataría evidentemente de un templo judío, lo cual refuerza de manera muy importante la tesis ya defendida de que Jesús, siendo muy probablemente un esenio, no intentaba crear una nueva religión alejada del judaísmo, sino de predicar la práctica de dicha religión de un modo más auténtico y menos ligado a los rituales meramente formales y vacíos de espiritualidad.

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