sábado, 22 de noviembre de 2008

CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
(XXI)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía
21. La contradicción entre las palabras y los actos de la jerarquía católica, en cuanto predican un supuesto “objetivo celestial” como medio para lograr un “objetivo terrenal”, centrado en el poder y las riquezas, y valiéndose para ello de instituciones como la Inquisición y de su complicidad con los tiranos de todos los tiempos
CRÍTICA: A lo largo de la historia, la jerarquía católica y en especial el “Papa”, como autoridad suprema de esta organización, ha mantenido una actitud opresora contra las libertades individuales a fin de adquirir y acrecentar sus beneficios económicos y su poder político. Tal actitud quedó especialmente reflejada en instituciones como su “Santa Inquisición”, en su alianza con la monarquía y con la nobleza desde la Edad Media hasta la revolución francesa de 1789, y en su constante confabulación sin escrúpulos con los gobiernos opresores de cualquier signo que le permitiesen gozar de libertad para adoctrinar al pueblo, a partir de una constante actitud opresora en contra de sus libertades, y del chantaje o de la confabulación con el poder político a cambio de bendecirlo y de exhortar al pueblo a la obediencia a la autoridad establecida “por la gracia de Dios”.
La institución de la “Santa Inquisición”, tan cruelmente opresora por lo que se refiere al respeto de la vida humana y de valores como los de la libertad de pensamiento y de expresión, fue utilizada por la jerarquía católica para mantener su poder sobre quienes podían atacar sus doctrinas mediante la luz del libre pensamiento racional y podían así contribuir a la pérdida de su fuerza política y económica. Los tiempos en los que la jerarquía católica ha tenido mayor poder político han sido a la vez los más escandalosos y sanguinarios en el funcionamiento de esta institución, mediante la que cometió innumerables asesinatos para mantener su fuerza y su riqueza a costa de la libertad y de la vida de un incalculable número de personas.
A lo largo de la Edad Media y hasta ya entrado el siglo XIX, la Inquisición fue el mayor y más cruel instrumento de control de la jerarquía católica sobre los pueblos de Europa al que se sometieron muchas monarquías, colaborando con dicha jerarquía católica en su labor opresora en contra de la vida y de la libertad de los pueblos.
Complementariamente, en los últimos siglos la jerarquía católica ha sido cómplice constante de los poderes económicos y políticos del capitalismo y de la mayor parte de las dictaduras del planeta, sin otras excepciones que las de los países con dictaduras contrarias a la religión católica: De acuerdo con esta estrategia, en el año 1949 el papa Pío XII excomulgó a todos los católicos que se afiliasen al Partido Comunista.
Esta actitud de la jerarquía católica no se corresponde para nada con la actitud de Jesús, quien –según los Evangelios- defendió a los pobres y advirtió a los ricos de que muy difícilmente entrarían en el reino de los cielos. Sin embargo, a la jerarquía católica, le ha interesado infinitamente más la compañía de los ricos, de quienes ha recibido una gran parte de su riqueza a cambio de una parcela de Cielo, que la relación con los pobres, que sólo son una carga nada rentable, a no ser cuando se sirven de ella como coartada para referirse a su misión.
La relación de la jerarquía católica con las clases privilegiadas comenzó hacia el siglo IV y adquirió rápidamente una importancia extraordinaria que con altibajos sigue conservando en la actualidad. Esa relación representa desde luego una clara muestra de cuáles son los auténticos intereses de dicha jerarquía, que para nada se relacionan con la “salvación” (?) de nadie sino sólo con el enriquecimiento de sus dirigentes. La cínica actitud de la jerarquía católica es todavía más sangrante cuando en los últimos tiempos observamos no sólo su relación con los poderosos sino también su condena a quienes —como los Teólogos de la Liberación- han tratado de adoptar una postura más activa en defensa de los pobres y de los oprimidos.
Pero también es evidente que, en cuanto a la jerarquía católica le interesa acumular de modo patológico más poder y más riquezas de modo insaciable, no le interesa tolerar las críticas de algunos de sus miembros contra los ricos y los poderosos, es decir, contra aquellos de quienes obtiene la mayor parte de sus riquezas, pues esto sería como morder la mano de quien le da de comer y de quien le otorga sus privilegios. Por eso tiene que llamar al orden a quienes, como los “Teólogos de la Liberación”, pretenden desviarse de su política avariciosa y sin escrúpulos al defender al pobre frente al rico, como si no se hubiesen enterado del carácter de la organización a la que pertenecían.

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