La Jerarquía Católica –y en especial su jefe supremo- incurre en un “círculo vicioso” cuando afirma el dogma de la infalibilidad del Papa
La Iglesia Católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (25)
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación
La Jerarquía Católica miente cuando afirma que su jefe supremo, el Papa, es infalible cuando habla “ex cathedra” en materias de fe y costumbres. Esta doctrina fue declarada dogma de fe por el papa Pío IX en el Concilio Vaticano I en el año 1870.
Resulta realmente curioso que la Iglesia Católica haya estado funcionando durante casi 2.000 años sin tener conciencia de tal infalibilidad del papa y que sólo hace poco más de un siglo la haya descubierto. Pero, el problema de carácter simplemente lógico que plantea la proclamación de un dogma como éste es que incurre en un “círculo vicioso” en cuanto su valor está supeditado a la aceptación previa del supuesto de que las doctrinas conciliares sean infalibles, lo cual equivale a decir que si las doctrinas de los concilios son infalibles, entonces el Papa es infalible”, con lo cual el problema se traslada al de demostrar que las doctrinas conciliares sean infalibles, lo cual sólo podría establecerse de manera dogmática, procedimiento que efectivamente es el más usual en los procedimientos de las altas jerarquías de la Iglesia Católica –y, en general, en la conjunto de las diversas confesiones religiosas-.
Por ello, en definitiva, si se quisiera ser fiel a las leyes de la Lógica y del conocimiento en general, el dogma de la infalibilidad del papa quedaría reducido a la tautología según la cual se dijera “si el papa es infalible, entonces el papa es infalible”, ya que para proclamar su infalibilidad el papa Pío IX partía una situación de un desconocimiento secular o milenario de este poder tan especial y, claro está, desde el desconocimiento de si era infalible o no, no podía desde la coherencia lógica afirmar como dogma que el papa era infalible. La proclamación fue algo así como un golpe de estado ideológico, golpe de estado a partir del cual en lo sucesivo nadie podría opinar libremente acerca de las doctrinas de fe o de la moralidad de las costumbres o formas de vida de los seres humanos a excepción del propio Jefe de la Iglesia Católica.
Para la Iglesia Católica, sin embargo, este dogma es otra herramienta importante para su funcionamiento económico y político, que de ese modo puede dedicarse a excomulgar y a amenazar a todo aquel que no se atenga a las interpretaciones doctrinales defendidas por el Papa, quien de ese modo puede ejercer mayor dominio sobre cualquiera cuyas palabras o acciones puedan ser peligrosas para la buena marcha de la economía de su organización “religiosa”, como sucede con los “Teólogos de la Liberación”, cuyo compromiso con los pobres es constantemente reprimido por las jerarquías a quienes les interesa especialmente mantener buenas relaciones con los grandes explotadores de quienes reciben sustanciales beneficios económicos por su complicidad y no con los pobres, de quienes sólo reciben problemas y miseria, aunque también la coartada para proclamar su misión de defenderlos, aunque luego se olvide de ellos mientras sus palacios y sus tesoros siguen engrandeciéndose.
viernes, 14 de marzo de 2008
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