LA JERARQUÍA CATÓLICA
DEFIENDE EL CELIBATO OBLIGATORIO
DE LOS CURAS POR INTERÉS ECONÓMICO
La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (XIX)
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación
La jerarquía católica defiende y ordena en la actualidad el celibato obligatorio de los sacerdotes. Esta actitud no ha impedido que en otros tiempos aceptase que los curas viviesen amancebados con sus respectivas “barraganas” o concubinas, a condición de que pagasen el impuesto correspondiente a la Sede Vaticana, que siempre encontraba medios de ir llenando sus arcas de modo insaciable.
La Iglesia se opone a que los curas puedan casarse, como si el matrimonio fuera algo degradante. Sin embargo, por puro interés y estrategia, y a fin de evitar un cisma, mantiene dos leyes contrarias sobre esta cuestión, pues mientras los curas católicos del rito oriental pueden casarse, los del occidental, no.
Esta “solución” resulta desconcertante por cuanto si es bueno que los curas puedan casarse, este derecho debería concederse a todos, mientras que si no lo es, en tal caso la prohibición debería extenderse también a todos.
A comienzos del siglo XVI el papa León X, en su Taxa Camarae, presentó una “solución pecuniaria” para este problema concediendo que los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus “parientes” lo pudiesen hacer, con tal de pagar 76 libras a las arcas el Vaticano .
En la doctrina, que niega el derecho de los sacerdotes al matrimonio, subyace una consideración negativa y pecaminosa de la sexualidad, a pesar de que se considera que dicha sexualidad ha sido teóricamente establecida por el propio Dios en la naturaleza, de la que tanto caso hace la Iglesia en otras ocasiones. Por ello, en este punto, al margen de la estupidez de tal doctrina, tal doctrina resulta contradictoria con los propios principios de la Jerarquía Católica, pues si lo “natural” hubiera sido establecido por Dios como criterio de moralidad, como dicen los cardenales y el jefe de la Iglesia Católica, en tal caso, por lo mismo que prohíben el uso del preservativo, igualmente, siendo coherentes, deberían dejar que los sacerdotes actuasen igualmente de acuerdo con su propia naturaleza y, en consecuencia, no deberían inmiscuirse en su vida privada, negándoles el derecho a elegir libremente entre las diversas opciones individuales: vida de celibato, de matrimonio, homosexual o heterosexual, como expresión de sus tendencias naturales, pudiendo establecer una familia, como el resto de los mortales, en cuanto existiera en ellos una tendencia natural a formarla.
Además y precisamente porque la naturaleza humana tiene un componente afectivo y sexual de enorme importancia, es muy probable que la conducta perversa de tantos curas abusando sexualmente de niños o teniendo que recurrir a relaciones homosexuales o heterosexuales de un modo secreto y en muchos casos con mala conciencia o “conciencia de haber pecado” es un hecho que la Iglesia Católica debería tener muy en cuenta en lugar de dedicarse a encubrir los casos de pedofilia, obrando de un modo hipócrita y en contra de las leyes de los países en los que se pide la colaboración de los ciudadanos en la denuncia de los delitos. La jerarquía de la Iglesia Católica actúa en este caso –como en muchos otros- faltando el respeto a las instituciones de los países en los que actúa, en cuanto se rigen por sus normativas internas en lugar de someterse a las de esos países en los que una importante porción de sus miembros comete tales delitos y su Jerarquía los encubre.
El motivo económico y práctico que tal vez justifique en parte esta normativa de la Jerarquía Vaticana es que de ese modo pueden disponer mejor de la vida de los curas para enviarlos a donde les plazca y en el momento en que les plazca, tratándolos como simples peones de su ajedrez particular encaminado al dominio de la sociedad.
Un segundo motivo podría estar relacionado con la herencia de los curas al morir, pues, por ejemplo, en cada pueblo existe la “casa del cura” o la “casa del abad”, cuya posesión es de la Iglesia Católica y que, por ello, plantearía un problema: En el caso de la muerte de un cura casado y con hijos, ¿qué sucedería con la casa?, ¿qué sucedería con la mujer y los hijos del cura difunto?, ¿tendrían que abandonar la vivienda y quedar en la calle? Es evidente que ese problema se multiplicaría por el número de todas las iglesias parroquiales de la Iglesia Católica y eso representaría un serio problema tanto económico como social para dicha Iglesia en cuanto su despreocupación por dichas familias repercutiría en su desprestigio social.
Ahora bien, en cuanto el celibato obligatorio represente una de las causas que influyen en el alarmante descenso de “vocaciones” al sacerdocio, y el consiguiente freno en la expansión económica de la Iglesia Católica, es probable que sus altas jerarquías se replanteen qué les interesa más para su negocio, y así, de acuerdo con sus cálculos económicos, decidirán.
sábado, 1 de marzo de 2008
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