domingo, 9 de marzo de 2008

La Jerarquía Católica se contradice
al considerar que María nació sin pecado
y que el resto de la humanidad nació con él

La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (XXI)

El ocho de diciembre de 1854 el papa Pío IX, jefe supremo de la jerarquía católica, declaró dogma de fe la doctrina según la cual María, madre de Jesús, nació sin el “pecado original” con el que, según dicha jerarquía católica, nacemos el resto de los seres humanos.
Se trata de una doctrina ingenuamente absurda, pues, si nacer con dicho pecado es un mal, si el amor de Dios a toda la humanidad es infinito y si su omnipotencia le permitió conceder a María la gracia de nacer sin pecado, esa misma omnipotencia debiera haberle bastado para conceder la misma gracia a toda la humanidad, ahorrándose el tener que sacrificar en la cruz a su hijo hecho hombre, a fin de conseguir así el perdón de aquel pecado y a partir de la absurda consideración de que “el sufrimiento purifica”, lo cual sólo tendría sentido para un dios sádico. ¿Tiene sentido considerar que Dios amaba a su madre de un modo “tan infinito” que sólo a María quiso o pudo concederle la “gracia” tan especial de nacer sin pecado? Pero, si la concesión de tal “gracia” era consecuencia del amor infinito de Dios a María, madre de su hijo, y si el amor de Dios a los hombres era también infinito, entonces, si pudo librar a la María de nacer en pecado, no tiene ningún sentido considerar que el poder y el amor de dicho Dios no pudiese extenderse hasta conceder esa misma gracia al conjunto de la humanidad, especialmente teniendo en cuenta que ese dogma, declarado hace menos de 200 años, convierte en más absurda la doctrina de la Redención, según la cual Dios tuvo que hacerse hombre, padecer y morir en la Cruz para conseguir el perdón de aquel “pecado original” con el que nada teníamos que ver.
Por ello y ante lo absurdo de la doctrina del pecado original o ante el absurdo que Dios sólo tuviese poder para efectuar una única excepción, surge la pregunta del porqué durante casi 2.000 años de existencia del Cristianismo a nadie se le ocurrió la idea de considerar que María naciera con tal gracia especial.
De nuevo el antropomorfismo se presenta aquí como una de las causas de esta doctrina, un antropomorfismo que presenta a Dios como un déspota que exige sacrificios para poder perdonar, que caprichosamente perdona a una mujer y que sólo perdona al resto de sus súbditos desde el previo cumplimiento de un absurdo sacrificio.
Otra causa importante de este dogma puede haber consistido en la necesidad sentida por la jerarquía de esta iglesia de introducir nuevos elementos en sus doctrinas para lograr hacerla más atractiva a esa clientela que, afortunadamente, en los últimos años va alejándose de sus iglesias.

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