La Jerarquía Católica,
al condenar la homosexualidad,
reconociendo su carácter natural,
niega estúpidamente la sabiduría de su dios.
La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (XX)
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación
La jerarquía católica condena la conducta de los homosexuales, considerándola “antinatural” o como “desviación” de la naturaleza y, por ello, como intrínsecamente mala, negándoles el derecho a vivir su propia sexualidad y afectividad como mejor la sientan y a contraer una unión jurídica y social como la del matrimonio, con los mismos derechos que tenga cualquier otra forma de unión familiar.
La Jerarquía de la Iglesia Católica, que es la que fija las doctrinas correspondientes, acepta la existencia de una tendencia natural homosexual, pero la considera como una desviación de la naturaleza y, en consecuencia, el comportamiento correspondiente es considerado como “antinatural” e “intrínsecamente malo”.
Resulta también asombroso e hipócrita por parte de la Jerarquía Católica el hecho de que, por una parte, tiendan a aceptar que puede haber casos de homosexualidad o de tendencias homosexuales de carácter natural, pero que, por otra parte, pretendan que el homosexual debe resignarse a vivir aceptando esa carga de sus tendencias, pero sin conducirse de acuerdo con ellas. ¿Habrá algo más contrario a la Naturaleza que esa pretensión de que el homosexual reprima sus tendencias naturales, teniendo además en cuenta que éstas no hacen daño a nadie? ¿Qué absurda irracionalidad ha conducido a la Jerarquía católica a ese destierro social de los homosexuales?
Resulta asombroso que los “teólogos” de esta doctrina no hayan reparado en el hecho de que considerar que haya modos de ser “antinaturales” implica un insulto a la sabiduría y a la perfección de su Dios, supuesto creador de la Naturaleza, pues parecen considerar que Dios se descuidó en algún momento, que la Naturaleza se le escapó de las manos, y que, en consecuencia, algunos seres humanos, como los homosexuales, nacieron desviados (?) del modelo que él pretendía. Quienes así piensan olvidan que la Naturaleza en ningún momento podría desviarse de los designios de Dios y que, por ello, es tan natural ser homosexual como ser heterosexual, nacer diestro o nacer zurdo, en el sentido de que hay causas naturales que determinan que unas personas tengan tendencias sexuales distintas a las de otros, pero ni mejores ni peores.
Los gustos y preferencias sexuales son todos enriquecedores de la vida, con tal de que no perjudiquen a nadie, y perjuicios como el de una violación no son exclusivos, ni mucho menos, de los homosexuales. Por ello, es evidente que la condena de la homosexualidad es un absurdo más de esa Jerarquía anclada en unos dogmas irracionales que no se reconsideran porque dicha Jerarquía se cree tan en posesión de la Verdad, que es incapaz de revisar sus doctrinas… por lo menos hasta el momento en que ve que su clientela de “fieles” disminuye de manera alarmante, como en estos momentos sucede.
Por otra parte, hay una soberbia despreciable en la actitud dogmática de quienes pretender señalar qué es natural y qué no lo es; y tal soberbia se extiende a la defensa igualmente dogmática de que haya que ser esclavos de de lo que esta gente considere “natural”, como si el ser humano no tuviera todo el derecho a vivir de acuerdo con sus propios deseos y decisiones, y al margen de lo que una supuesta “ley natural”, como la defendida por Tomás de Aquino o como la defendida por cualquiera de los escritos bíblicos, pretenda imponer acerca de qué sea lo natural y qué no.
Además, con los avances de la psicología –especialmente desde el Psicoanálisis- y de la Biología, se defiende en la actualidad la existencia de un componente bisexual en todos los seres humanos, al margen de que el sexo anatómico pueda estar claramente diferenciado –que no siempre- en el sentido de ser varón o mujer.
Por otra parte, esta doctrina representa un aspecto más del absurdo carácter represivo de las doctrinas católicas en contra de la sexualidad en general. La actitud de la jerarquía de esta secta igual hubiera podido negar el carácter natural de los juegos de los niños entre sí y el de las niñas entre sí o viceversa, igual que en alguna secta musulmana se defiende el uso de una prenda como el “burka”, que anula casi por completo la posibilidad contemplar la figura de la mujer, anulación que se corresponde igualmente con la visión negativa de la mujer como causa de la introducción del pecado en el mundo y que se corresponde igualmente con la complementaria anulación de casi todos sus derechos como persona.
Tan absurda es esa actitud restrictiva de los derechos de la mujer como la actitud restrictiva de la Jerarquía Católica respecto a los homosexuales, al rechazar su derecho a vivir de acuerdo con su propia manera de sentir su sexualidad, tanto si dicha forma de sexualidad es algo natural como si es el resultado de una elección personal.
Además, esta distinción es absurda en cuanto entre lo natural y lo elegido no existe ninguna diferencia, ya que uno elige de siempre de acuerdo con sus deseos y los deseos son la expresión de la propia individualidad, la cual tiene un carácter natural, pues cualquier elección es siempre necesariamente natural y tan natural como la de la existencia de personas de una raza o de otra.
Por ello, siguiendo las “orientaciones” (?) de la Jerarquía Católica, podría llegarse a un racismo similar al de Hitler, que no sólo atacaría y trataría de exterminar a quienes no pertenecieran a la “raza superior” sino también a quienes no tuvieran las tendencias sexuales adecuadas para la multiplicación de nuestra especie, que, por cierto, parece que ya está bastante multiplicada.
sábado, 1 de marzo de 2008
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