La afirmación de la virginidad de María
no sólo es absurda sino que representa
una degradación de la sexualidad humana
La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (XXII)
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación
La Jerarquía Católica defiende la doctrina según la cual María, habiendo sido madre de Jesús, fue virgen “antes del parto, en el parto y después del parto”; es decir, que nunca mantuvo relaciones sexuales con su marido José ni con cualquier otro hombre, sino que dio a luz a Jesús por obra y gracia del “Espíritu Santo”.
Se trata de una doctrina que de nuevo supone una implícita denigración de la sexualidad humana en cuanto supone que el hecho que María hubiese mantenido relaciones sexuales con José la hubiera hecho menos digna y menos santa, y en cuanto supone igualmente que el hecho de ser “virgen” implicaría un mérito especial frente al hecho de vivir de acuerdo con la satisfacción de las necesidades naturales, como las relacionadas con la sexualidad. Utilizando tales criterios de pureza en grado extremo, la Jerarquía Católica igual hubiera podido exaltar la pureza de María afirmando que ni comió ni bebió ni meó ni defecó en toda su vida, por lo que nunca tuvo que limpiarse el culo, pero del mismo modo que el comer, el beber, el mear, o el cagar no tienen nada que ver con el etéreo concepto de “pureza”, por lo mismo tampoco lo tiene el follar, actividad sin la cual la humanidad no habría cumplido con el mandato bíblico “creced y multiplicaos”.
Esta doctrina es absurda y contradictoria con la defensa que en otras ocasiones realiza la Jerarquía Católica de “lo que está de acuerdo con la Naturaleza”, y es también una forma de antropomorfismo en cuanto considera que, para que Jesús pudiera ser considerado como hijo de Dios, no podía a la vez ser hijo de un padre y de una madre humanos, lo cual, por otra parte, no es una doctrina exclusiva de la Iglesia Católica sino también propia de otras religiones de aquellos tiempos de oscurantismo religioso en los que sus dioses también nacieron de una “virgen”. Los evangelistas, por otra parte, no tuvieron el menor reparo en contradecirse cuando, al tratar de demostrar la filiación divina de Jesús, se remontaron en su genealogía a partir de la línea paterna, es decir, aceptando que José fue el auténtico padre de Jesús. Así puede verse en el evangelio de Mateo, quien considera a José como padre de Jesús para negarla a continuación de modo implícito cuando afirma que María concibió por obra del Espíritu Santo.
Una contradicción igual de ingenua es la que aparece en Lucas, quien tampoco tiene reparos en afirmar la filiación divina no Jesús para indicar poco después la serie de ascendientes que, comenzando por José, se remontan hasta Adán y hasta Dios como creador de Adán, lo cual nos concede a todos la alegría de ser tan hijos de Dios como el propio Jesús, ni más ni menos.
Si, con el fin de lograr que el linaje de Jesús fuera exclusivamente divino y no un híbrido, se llegó a considerar que el padre sobraba, en tal caso también habría sobrado la madre y Dios hubiera podido encarnarse directamente en un ser humano venido directamente desde el Cielo a la Tierra, pero al parecer la mentalidad de aquella época no alcanzó a imaginar esta posibilidad y por ello pensó que Dios tenía que nacer de una “virgen”. Por otra parte los Evangelios aceptados por la Jerarquía Católica se contradicen por lo que se refiere a la virginidad de María cuando afirman abiertamente que Jesús tuvo varios hermanos .
domingo, 9 de marzo de 2008
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