CONTRADICCIONES FUNDAMENTALES
DE
LA IGLESIA CATÓLICA
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía
3. La contradicción según la cual, aunque la jerarquía católica considera que Dios es omnipresente, a la vez afirma que se encuentra “de modo especial” en la “hostia consagrada”.
CRÍTICA: Esta doctrina es evidentemente absurda en cuanto el estar o no estar presente no admite grados, del mismo modo que tampoco los hay entre estar vivo o no, estar embarazada o no, estar presente o no, y en cuanto no tiene sentido decir que alguien está vivo pero sólo un poco, que está presente pero sólo un poco, o que está embarazada pero sólo un poco. Por ello no tiene sentido afirmar que Dios se encuentra en todas partes y a continuación puntualizar que donde se encuentra “de verdad” en la hostia consagrada. Si Dios existiera, su omnipotencia le permitiría estar “en el Cielo, en la Tierra y en todo lugar” –como decía “el catecismo”- y si además su presencia fuera mejor que su ausencia, no tendría sentido afirmar que Dios estuviera de un modo especial y más pleno en las iglesias y en las hostias consagradas que en cualquier otro lugar del Universo.
Resulta evidente por ello que la insistencia de la jerarquía católica en afirmar que donde se encuentra Dios “de verdad” es en las iglesias y en la hostia consagrada proviene de sus intereses económicos, pues sólo desde el momento en que los fieles acuden a la Iglesia para estar más cerca de Dios se les puede tratar de adoctrinar y de someterles mentalmente para que acepten el resto de sus dogmas y doctrinas, para que sigan sus consignas políticas y sociales y para que asuman la “obligación” de entregar a la organización “religiosa” los “diezmos” y limosnas para el mantenimiento y prosperidad de dicha organización y para pagar todo el folklore que se monta en torno a las diversas celebraciones litúrgicas: Nacimiento de Jesús, Cuaresma, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Corpus Christi, festividades patronales de cada localidad y un sin fin de actos rutinarios y repetitivos, como el rezo del “Santo Rosario”, que no tienen otra utilidad que la de servir como un ejercicio de autohipnosis colectiva, inducida por los jefes de la secta católica a fin de mantener secuestradas las mentes de sus “fieles” para que acepten el valor de las doctrinas y consignas que se les inculcan. Evidentemente todo ese folklore contribuye al mantenimiento y al crecimiento del negocio de la organización de la jerarquía católica en cuanto le sirve de propaganda y en cuanto aprovecha cualquier ocasión para pedir a los fieles una limosna para el “mantenimiento del culto” o para cualquier otro fin que se le ocurra al cura o al obispo de turno.
Y así, evidentemente es el interés económico de la jerarquía de esta escoria “religiosa” el que les lleva a defender esa absurda doctrina que considera a las iglesias como “la casa de Dios”, pues sin ella peligraría gravemente su montaje económico en cuanto los fieles comprendieran que para ponerse en contacto con la divinidad no hacía falta acudir a tales “casas de Dios” –como si Dios necesitase de una casa-; pues, en cuanto aquellos que necesitasen creer en fantasías religiosas comprendieran que no necesitaban acudir a las iglesias, muchos obispos y curas se quedarían sin ese medio de vida y deberían dedicarse a trabajar de verdad para ganarse el pan con el sudor de su frente, dejando de engañar a gente inocente.
Si fuera posible la existencia de un Dios trascendente que al mismo tiempo estuviera en todo lugar, ¿serviría de algo esa supuesta omnipresencia divina? En principio podría servir para impedir la serie interminable de desastres naturales que tanto sufrimiento y muerte provocan y, así, habría impedido el sufrimiento y la muerte absurda de tantas personas como, por ejemplo, la niña colombiana Omayra Sánchez, que estuvo atrapada en el agua hasta el cuello a lo largo de 24 horas de angustia y sufrimiento y confiando hasta el fin, hasta que murió sin que nadie, ni aquel supuesto Dios hiciera nada para salvarla, o el de muchos otros accidentados y muertos en los diversos terremotos, catástrofes y epidemias.
¿De qué sirve esa supuesta presencia divina en todas las zonas del mundo donde millones de niños mueren antes de cumplir los diez años en medio del hambre, de las enfermedades y de la miseria más absoluta? Creo que sería una ofensa a Dios –si existiera- afirmar que está delante de esos niños, viendo impasible su sufrimiento y no haciendo nada por evitarlo. Decir que nos encontramos ante un “misterio” es un acto de hipocresía o de cobardía ante el hecho de tener que reconocer que, si Dios existiera, sería un sádico en cuanto, siendo omnipotente y contemplando el sufrimiento de tantos seres inocentes, no se dignase remediar esos males que nadie merece y que para nada sirven. Por eso tenía razón Stendhal cuando, ante la contemplación de tantos sufrimientos humanos, dijo: “La única excusa de Dios es que no existe”.
Por otra parte, la afirmación de la omnipresencia de Dios sólo resulta compatible con un panteísmo como el de Spinoza, en el que Dios es omnipresente porque se identifica con el conjunto de la Naturaleza (Deus sive Natura), pero evidentemente ese Dios dejaría de tener un carácter personal y antropomórfico para ser entendido como el conjunto de todo lo existente.
miércoles, 29 de octubre de 2008
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