sábado, 2 de febrero de 2008

Jesús negó la infinita bondad divina
La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (IX)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación

Suponiendo, de acuerdo con la Secta Católica, que Jesús hubiera dicho refiriéndose a Judas “más le valdría a ese hombre no haber nacido” , tal como aparece en el evangelio de Marcos, esa afirmación implicaría la aceptación de que la bondad divina no era infinita en la misma medida en que se aceptase su omnipotencia e igualmente implicaría el reconocimiento implícito de que el propio Jesús no se identificaba con Dios, pues la frase resulta sarcástica en la misma medida en que la predestinación divina había programado la existencia de Judas con todo el conjunto de las acciones que realizaría a lo largo de su vida, incluida la traición a Jesús y su propio suicidio. Por ello, si Jesús hubiera sido Dios, habría sido absurdo que dijera esa frase, pues, habiendo programado su existencia para actuar como actuó, habría sabido que Judas no era culpable de nada.
¿Qué sentido podía tener esa frase en la boca de quien decidió que Judas naciera? Si hubiera sido mejor que Judas no naciera, en tal caso Dios, que le hizo nacer, habría actuado mal por no haberlo evitado
Tal vez la única explicación de unas palabras tan impropias de un Dios infinitamente misericordioso consiste en suponer que quien las dijo no era Dios ni hijo de Dios y, en tal caso, su error habría consistido en no comprender que la infinita misericordia divina alcanzaría también al propio Judas.
En cualquier caso, estas palabras, referidas a Judas, son tan absurdas como todas aquellas que hacen referencia al Infierno, en cuanto son contradictorias con la idea de un Dios omnipotente, que rige y predetermina todas las cosas, con la idea de un Dios omnisciente, que sabe de antemano todo lo que va a suceder y que, por lo tanto, podía haber evitado la existencia de aquel de quien dice que “más le valiera no haber nacido, y con la idea de un Dios infinitamente misericordioso, para quien no habría ofensa que no pudiera perdonar.
Además, el absurdo se hace mayor, si cabe, si se tiene en cuenta que la doctrina cristiana considera que Jesús se encarnó a fin de ofrecerse en sacrificio en la cruz para el perdón de los pecados, sacrificio que, aunque era otro absurdo en sí mismo -pues Dios por su amor y misericordia infinitas hubiera podido perdonar sin necesidad de sacrificio alguno-, se produjo mediante la colaboración de Judas, que a su manera fue un instrumento que sirvió para que Jesús llevase a término su inmolación.

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