miércoles, 30 de enero de 2008

El supuesto sacrificio de Cristo “para la salvación de la humanidad” es una doctrina
sádica y absurda
La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (VI)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación


VI. La jerarquía de la Secta Católica afirma como dogma de fe que Adán y Eva, considerados en la Biblia como “nuestros primeros padres”, desobedecieron a Yahvé y que por ese motivo toda la Humanidad nace en pecado y seguiría en pecado si no hubiera sido porque, para librarnos de él, Dios mismo se hizo hombre para ofrecerse a Dios Padre como ofrenda en “sacrifico” para liberar a la Humanidad de aquel pecado de desobediencia. Tal ofrenda, dicen, se realizó mediante su sacrificio en la cruz, a la que Jesús, considerado por las sectas cristianas como hijo de Dios y como Salvador del pecado, fue condenado por un delito de sedición.
CRÍTICA: Esta doctrina es tan absurda que lo más asombroso es que haya quien pueda creer en ella. Hay tantas contradicciones en ella que resulta difícil elegir alguna por la cual comenzar la crítica.
En ella se olvida que Dios, como consecuencia de su infinita misericordia, habría perdonado al hombre -si es que tenía algo que perdonarle- sin necesidad de sacrificio alguno, y olvida igualmente que quienes nacieron después de Adán y Eva no cometieron pecado alguno, por lo que tal doctrina no tiene sentido en cuanto implica el absurdo de considerar que Dios crea “en pecado” (?) el alma de cada uno de los seres humanos nacidos a partir de Adán y Eva “en pecado”.
El antropomorfismo de esta doctrina es patente en diversos aspectos. En primer lugar en el hecho de que se considere que Dios mismo pueda tener un hijo, lo cual representa la proyección a la idea de Dios de las categorías biológicas de la paternidad y de la filiación, lo cual es un absurdo total.
En segundo lugar, en el hecho de que ese Hijo, junto con el Espíritu Santo constituya la “Santísima Trinidad”, una doctrina frecuente en diversas religiones del tiempo en que se formó la cristiana, pero que nadie sabe qué papel cumple que no pudiera cumplir un Dios no fragmentado en “tres personas”, “iguales y realmente distintas”, misterio maravilloso y sublime para poner a prueba la capacidad humana de imbecilidad para negar su racionalidad y para aceptar cualquier barbaridad con la que se le quiera adoctrinar.
Sin embargo y a pesar de su carácter irracional, es una de las doctrinas centrales de esta secta, la cual considera que Dios creó al hombre, que el hombre le desobedeció, que tal actitud determinó como consecuencia el “pecado original” con el que todo hombre nacería, que el perdón de este pecado se realiza sólo mediante el sacrificio de Jesús, hijo de Dios, y que la salvación eterna del hombre –que, por otra parte, sólo consiguen “los escogidos”- tiene como condición el sacrificio de Jesús para conseguir el perdón de su padre y la predestinación divina.
Esta doctrina es una plasmación de la mentalidad de aquellas culturas antiguas en las que el daño cometido por determinada persona contra un superior implicaba un castigo que podía recaer no sólo en quien lo había realizado sino en toda su familia. Tiene cierta semejanza con aquella leyenda de la Biblia en la que en una de las famosas plagas de Egipto, Yahvé ordenó la muerte de todos los primogénitos de los egipcios, los cuales no tenían nada que ver con el comportamiento de su faraón, impidiendo la marcha de los judíos a “la tierra prometida”. Tanto en un caso como en el otro nos encontramos ante una actitud despótica, irracional e injusta. ¿Qué clase de justicia habría en la actitud de ese Dios? ¿Qué sentido tiene aceptar que la humanidad pueda tener alguna culpa de los actos realizados por aquellos supuestos primeros padres? Agustín de Hipona, considerado “santo” por esta secta, a fin de salvar esta dificultad insuperable consideró que los padres “transmitían” a sus hijos “un alma en pecado”, pero las jerarquías de la Secta afirmaron que Dios crea de la nada el alma de cada persona, la cual, en consecuencia, no es heredada a partir de los padres. Entonces, ¿sucede que Dios crea el alma en pecado?
Por otra parte, esta doctrina es igualmente contradictoria con las que hacen referencia al amor y a la misericordia infinitas de Dios. ¿Qué clase de amor es la quien es incapaz de perdonar a no ser mediante el sacrificio de un hombre que además sea Dios, en cuanto no le sirve ni su supuesto amor infinito ni una víctima cualquiera para enfriar su sed de venganza?
Los absurdos de estas doctrinas son tantos su aceptación sólo resulta comprensible a partir de la libertad adoctrinadora que los diversos Estados han concedido a la jerarquía de la Secta para inculcar tales estupideces en niños de seis años.

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