miércoles, 30 de enero de 2008

EL PECADO ORIGINAL
ES UN ABSURDO UTILIZADO PARA PROVOCAR UN COMPLEJO DE CULPA A FIN DE QUE
LOS FIELES DONEN SUS BIENES A LA IGLESIA
A CAMBIO DEL PERDÓN
La secta católica: Crítica de sus doctrinas fundamentales (XII)

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación


La secta católica afirma como dogma de fe la existencia de un “pecado” cometido por Adán y Eva, que se transmite al resto de la humanidad con la excepción de María.
Lo más probable es que la idea de una falta o de un pecado se debiese al hecho que en la antigüedad los hombres se preguntasen por la causa de sus continuos padecimientos en la vida: Enfermedades, hambre, peligros, calor, frío, diluvios… El pensamiento mítico de entonces, del mismo modo que les había llevado a una interpretación antropomórfica de toda esa serie de fenómenos, considerando que estaban provocados por seres invisibles, pero dotados de poderes extraordinarios, igualmente les debió de llevar a pensar que el daño que sufrían era debido a alguna ofensa contra esos seres, de manera que llegaron a considerar que sólo mediante determinados rituales y sacrificios podrían lograr el perdón de los dioses.
La absurda doctrina de la Secta Católica, que considera que el pecado original se trasmite de padres a hijos desde Adán, del cual descenderíamos todos, debe de tener su procedencia en las costumbres de los pueblos primitivos en los que el delito de un hombre podía repercutir en un castigo para él y para toda su parentela, aunque ésta no hubiese realizado ningún delito ni ofensa ni daño.
Así que, en el contexto de aquellas civilizaciones, puede entenderse que se llegase a considerar como natural que toda la especie humana tuviera que pagar por el delito de uno sólo.
Un modo de pensar tan absurdo se observa igualmente en la Biblia cuando en la última de las famosas plagas de Egipto, a fin de lograr que el faraón permitiese la marcha de los judíos, Yahvé decidió la muerte de todos los primogénitos de los egipcios. ¿Qué delito habían cometido para merecer aquella absurda represalia? Simplemente se cumplía a nivel de fábula bíblica lo que podía ser habitual en el contexto de aquella “cultura” egipcia.
Este dogma envuelve diversas contradicciones; una de ellas consiste en el propio carácter absurdo y contradictorio de un pecado que se hereda: si el concepto de pecado hace referencia a una acción voluntariamente cometida en contra de la ley de Dios, no tiene sentido la tesis de que el hombre nazca ya en pecado, pues antes de nacer no puede haber realizado acción alguna, ni voluntaria ni involuntaria, en contra de las normas divinas. De hecho, el mismo Agustín de Hipona sólo pudo encontrar, como explicación de la “herencia” de este pecado, una nueva doctrina tan absurda como la anterior, consistente en la teoría de que los hijos heredaban de los padres no sólo el cuerpo, sino también el alma (“traducianismo”), ya que siendo el pecado un concepto relacionado con una potencia del alma como sería la voluntad, si el hombre sólo heredase el cuerpo, no veía cómo hacer inteligible esa doctrina, pues el cuerpo era sólo el instrumento del que se servía el alma para realizar aquellos actos que podían estar o no de acuerdo con la voluntad divina y, por lo tanto, no podía ser el origen del pecado; mientras que, si el alma era creada directamente por Dios para cada uno de los hombres que nacieron después de Adán y Eva, resultaba incomprensible y absurdo que Dios hubiese creado un alma en pecado. Sin embargo, la Iglesia no aceptó la tesis de Agustín y siguió considerando el pecado original -¡y tan “original”!- como un dogma de fe.
Pero, en segundo lugar, se plantea un nuevo problema cuando se considera que María nació sin pecado, lo cual demuestra que nacer en pecado no era necesario e inevitable. Sería incluso una contradicción con la omnipotencia de Dios negarle el poder de evitar que no sólo María sino el resto de la humanidad nacieran también sin pecado. ¿Por qué no lo evitó? ¿Habrá que pensar que era bueno que el hombre naciera en pecado? Pero, si era bueno, ¿por qué privó a María de ese “privilegio”? Y, si no era bueno, ¿por qué sólo utilizó su poder para librar a María del pecado y no al resto de la humanidad? Si Dios ama al hombre con un amor infinito, no tiene sentido pensar que este poder se debilita a medida que lo utiliza. Y tampoco tiene sentido considerar que su amor sea “más infinito” para unos que para otros. Quizá alguien, con ganas de decir estupideces, pudiera decir que el pecado original era bueno a fin de que Dios manifestase su amor muriendo en la cruz, pero en tal caso la consideración del pecado como bueno sería contradictoria con el propio concepto de pecado en cuanto implica la idea de una acción intrínsecamente mala y en cuanto además, como suele decirse, el fin no justifica los medios. Además, habría sido un nuevo absurdo que el perdón a la humanidad se obtuviese por la mediación del sufrimiento y de la muerte injusta de alguien, tanto si se trataba del hombre como si se trataba del mismo Dios en la cruz. Tal explicación sólo podría tener sentido en el contexto de una mentalidad primitiva en la que las ofensas al rey o al faraón sólo se perdonaban con la muerte del ofensor o de algún familiar como su hijo -en este caso, el propio Dios convertido en hombre-, que pagaría la desobediencia de otro hombre. Por ello mismo, esta doctrina representaría además una aplicación de la ley del Talión (“ojo por ojo y diente por diente”) y, por ello, sería radicalmente absurda e incompatible con la constante referencia al perdón y a la misericordia infinitas de Dios, cuya aplicación debería ser gratuita precisamente por tratarse de “misericordia” y no producto de una “transacción”: “Tú me ofreces un sacrificio y luego yo te perdono”.
Por otra parte, el pecado original, considerado en sí mismo, plantea otros dos problemas que muestran igualmente lo absurdo de tal doctrina:
-En primer lugar, si, cuando –supuestamente- Dios creó a Adán, no hubo contrato alguno entre Dios y Adán que estableciese para Adán la obligación de obedecer los mandatos que Dios quisiera imponerle, es absurda la doctrina según la cual el hombre tuviera la obligación de obedecerle.
-En segundo lugar, es igualmente absurdo que Dios impusiera a Adán y a Eva la prohibición de comer de aquel árbol cuando no sólo sabía de antemano que comerían de la manzana, sino que además les había predeterminado para que incumplieran la prohibición.

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