EL FASCISMO DE LA JERARQUÍA CATÓLICA
Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación
La libertad es el valor supremo en la convivencia entre las personas y entre los pueblos. Ese valor es el que rige y debe regir cualquier forma de convivencia democrática, mientras que al mismo tiempo es el que queda drásticamente anulado en los regímenes totalitarios, como el del franquismo anterior a nuestra democracia actual y las diversa formas de fascismo, como la que alienta a las altas jerarquías de la Iglesia Católica, aunque no a sus fieles de buena fe.
A pesar de su valor tan alto o precisamente por ello, la libertad debe tener un límite, aunque dicho límite no sea otro precisamente que el de la defensa de la libertad de todos sin que se pueda consentir que la libertad de un grupo se convierta en un peligro para la libertad de los demás. Y ese límite es el que ha traspasado el arzobispo de Madrid, el cardenal de Valencia y muchos otros obispos, así como el mismo señor Ratzinger, jefe del Estado del Vaticano, al atacar el derecho del pueblo español a regirse por sus propias leyes democráticamente establecidas en lugar de seguir las directrices de un determinado grupo como el constituido por la Jerarquía de la Iglesia Católica –y digo “por la Jerarquía” porque sé son muchos los cristianos que por suerte han abierto los ojos comprendiendo que el ejemplo de vida de tal jerarquía no tiene nada que ver en absoluto con la defensa del oprimido y del pobre que, en teoría, deberían defender, en lugar de ser la eterna aliada del capitalismo y de las dictaduras allá donde se hayan producido, como sucedió en nuestra España de la dictadura franquista y como sucedió en las dictaduras de Hispanoamérica.
Por todo ello y en relación con la manifestación del día 30 en Madrid, promovida por su arzobispo y por otros representantes de la jerarquía católica, quiero manifestar mi repulsa más absoluta por el ataque que supone contra ese valor tan preciado de la libertad. Y así, en relación con tal manifestación, debo señalar que:
-Es del todo intolerable la intervención del Vaticano y de sus "agentes dobles" -jerarquía episcopal y cardenalicia en especial-, al servicio del Estado del Vaticano, en los asuntos internos de nuestro país.
-Es intolerable que, con la excusa de la defensa de la "familia cristiana", con la que nadie se ha metido, pretendan anular la libertad de los demás agrediendo -mediante una nueva forma de Inquisición todavía no sangrienta- las diversas formas de relación familiar, como lo es la de la unión entre personas del mismo sexo, lo cual representa indudablemente un avance enormemente positivo en el reconocimiento político y social de las diversas posibilidades de relación afectiva entre los seres humanos y del derecho a vivir de acuerdo con las propias maneras de sentir la propia sexualidad y afectividad.
-Es intolerable el ataque de la jerarquía católica a la ley española acerca del divorcio, en cuanto implica el intento de anular la libertad de las parejas para convivir o dejar de hacerlo según cual sea su libre voluntad, libertad reconocida por la legislación española, que no tiene por qué someterse a las presiones del Vaticano del mismo modo que el Vaticano no se sometería a las del pueblo español, y que no implica obligación alguna sino sólo el reconocimiento de un derecho, pues a nadie se le obliga a divorciarse.
-Es intolerable su crítica a nuestra legislación sobre el derecho al aborto según queda establecido en nuestra legislación democrática. Deben aprender que, si quienes no creemos en su ideología respetamos sus creencias en el Infierno y en otras doctrinas extrañas, por lo mismo deben ellos respetar nuestro derecho a dotarnos de las leyes que democráticamente establezcamos a través de nuestros parlamentarios democráticamente elegidos, en favor de cualquier derecho y del derecho al aborto en particular en los supuestos fijados por la legislación española, que no tiene por qué someterse en ningún caso a la ideología del Estado del Vaticano.
-Es intolerable su crítica contra el uso del preservativo cuando, con esa actitud tan irresponsable, han contribuido a un aumento muy considerable de la epidemia del SIDA en África y en todos los lugares por donde intentan imponer su ideología manipulando las mentes de los niños de 5 ó 6 años.
-Es intolerable que pretendan levantar a sus fieles en contra de la legislación española democráticamente establecida con manifestaciones irracionales y con engaños en cuanto sabemos que muchos de los asistentes a la manifestación del día 30 en Madrid lo hicieron en defensa de “la familia cristiana”, pero no en contra de la libertad de los no cristianos a vivir de acuerdo con sus propias ideas y su forma de entender la vida.
-Es igualmente intolerable su pretensión, conscientemente mendaz, de que con leyes democráticas la propia democracia se tenga que ir a pique, aunque eso es lo que ellos quisieran para establecer un régimen fascista clerical fundamentalista.
-Es intolerable de manera muy especial que a estas alturas todavía se les permita impartir su dogmático adoctrinamiento religioso en los centros escolares, públicos o privados, con el que fomentan y consiguen en muchos casos la atrofia mental de nuestros hijos para dirigirlos como robots hacia donde ellos quieran, como ya sucedió con las "juventudes hitlerianas".
-Es intolerable la hipocresía tan absoluta que practican teniendo en cuenta su actitud tan bien predispuesta con el régimen franquista, que representó la negación de las libertades más elementales.
-Es también igualmente intolerable que a estas alturas todavía el Estado español ceda a las extorsiones económicas de las jerarquías de la Iglesia católica, por las que año tras año, esa asociación se lleva de España un sin fin de millones de euros, lo cual no sacia su hambre de poder y de riquezas, que no son para los pobres ni para quienes mueren de hambre cada día sino para seguir engrosando las arcas y palacios vaticanos y episcopales.
-Es intolerable que el estado deba continuar pagando ese impuesto del 0'7 por cien a la Iglesia católica a partir de los impuestos generales del Estado, en cuanto tal impuesto religioso procedente de los creyentes en esa iglesia implica que tales personas ingresan al Estado un 0'7 menos que el resto de los ciudadanos para que se lo lleven los obispos y el Estado del Vaticano, que no es precisamente pobre y al que no tenemos la obligación de mantener.
-Es intolerable que la Administración de Hacienda del Estado español deba convertirse en sierva del Estado del Vaticano, siendo la recaudadora de los impuestos de sus fieles, en lugar de comunicar a los representantes de tal organización que deben ser ellos quienes se encarguen de esa tarea.
-Es intolerable que no se denuncie, se juzgue y, en su caso, se encarcele a todos los obispos y cardenales que hacen una constante apología contra nuestro sistema democrático, contra nuestras leyes y contra nuestras libertades, lo cual es una forma de terrorismo ideológico que fomenta el fascismo y obstaculiza el funcionamiento normal de nuestra democracia.
Por si alguien no es consciente a estas alturas de la finalidad de la hipócrita manifestación de ayer, conviene dejar claro que ese acto antidemocrático representó otra cosa que el intento de la Iglesia católica de apoyar al PP en las próximas elecciones, tratando de desprestigiar al PSOE para conseguir sus objetivos de mantener a España como una simple sucursal del Vaticano y de conservarla igualmente y de manera eufemística como “la reserva espiritual del Occidente”… o, mejor, “reserva material del Vaticano”.
Por nuestra democracia, por nuestra soberanía y por nuestra libertad,
¡¡¡BASTA YA DE TANTOS PRIVILEGIOS
Y DE TANTAS INTROMISIONES DE LA JERARQUÍA CATÓLICA!!!
martes, 1 de enero de 2008
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